¿Cascos o escafandras?

¿Cascos o escafandras?

En éstos días entró en vigencia una normativa municipal que impone sanciones a quienes circulan en ciclomotores, cualquiera sea su cilindrada, lo hagan como conductores o acompañantes, y que no lleven casco. 

La cuestión en nuestra ciudad no es nueva. Hace algunos años se intentó imponer ésta obligación y el intento se frustró ante la resistencia generalizada de los destinatarios de la norma, quedando la obligación como una recomendación o directiva. Se invocaron en ese entonces cuestiones económicas –costo de los cascos-, los inconvenientes que generaba su uso para el manejo, la ineficacia ante los resultados que se querían evitar y la autonomía de los destinatarios de la norma a quienes nadie podría imponer una obligación de este tipo. 

En general este tipo de obligaciones genera oposición en los destinatarios, ello por la generalizada resistencia que tenemos a someternos a normas que nos impongan determinados comportamientos. Ésa resistencia forma parte de la anomia generalizada en la que vivimos los argentinos, que se expresa no solo en la forma sistemática que quebrantamos las normas existentes sino también por como nos resistimos a aceptar nuevos condicionamientos a nuestra libertad, aún cuando el fundamento de los mismos sea nuestro propio bienestar o seguridad. 

Está fuera de toda duda que la circulación de los usuarios de ciclomotores con un casco protector de características adecuadas disminuye los resultados dañosos de los accidentes de tránsito. Sobre el particular existe literatura y estadísticas que son concluyentes. Los usuarios de motocicletas de altas cilindradas, cuyo uso es para ellos casi un estilo de vida, tienen incorporados a sus hábitos la utilización de un casco protector adecuado al tipo de vehículo por el que han optado y así como eligen con sumo cuidado el modelo, características y accesorios de su motocicleta, también lo hacen en cuanto al casco. La resistencia se manifiesta generalmente en los usuarios de ciclomotores de menos de 100cc para quienes el uso de este adminículo es un fastidio. 

¿Está dicha resistencia justificada? ¿Es útil el casco para este tipo de usuarios?. La resistencia al uso tiene sus razones, incluidas las estéticas. Entendemos que la discusión parte de un equívoco, tal que los cascos que utilizan los motoqueros son “el casco”. En realidad estos cascos carenados son los adecuados para quienes se sirven de motocicletas de altas cilindradas y que se desplazan a velocidades considerables. En ésos casos el casco integra un equipo protector mas amplio que incluye chaquetas, pantalones y botas, que protege al conductor del frío, viento, bichos, etc. además de cubrir la eventualidad de una caída. El uso de este tipo de casco para la circulación urbana, a velocidades que no pueden exceder de los 40 km/h, se muestra totalmente inadecuado porque las necesidades destinadas a cubrir no se presentan en éste ámbito. Se limita tanto la visión lateral como la capacidad auditiva, con lo que se agravaban los riesgos de circular en zonas en donde el tránsito vehicular es real o potencialmente intenso. 

Creemos que ha faltado de parte del municipio una campaña de educación vial destinada no solo a crear conciencia respecto de la conveniencia del uso de un casco protector sino también sobre cuál es el tipo de casco que se debe utilizar por quien se desplaza en zona urbana en un ciclomotor de poca cilindrada. En ésta hipótesis los requerimientos que debe satisfacer el casco son substancialmente diferentes a los que se demandan para quienes lo hacen utilizando motos mucho más poderosas, a una velocidad dos o tres veces superior a la máxima posible en zona urbana y por un entorno notoriamente diferente. 

Es así que, por falta de información adecuada, aquellos que utilizan los ciclomotores como un medio de transporte urbano cómodo, barato y ágil, se ven compelidos al uso de un adminículo inadecuado a sus necesidades, que le obliga a una erogación que excede, a veces, sus posibilidades económicas. 

La falta de información lleva al usuario de ciclomotores a optar por la compra de cascos “protectores” cuya forma y estructura han diseñadas para cubrir necesidades propias de quienes se desplazan a muy altas velocidades, y que por los materiales que utilizan son caros. Por ello, adecuando la compra a las posibilidades de sus bolsillos, pueden terminar comprando algo que tenga la forma de casco para alta velocidad pero que no reúne las condiciones necesarias para brindar una seguridad adecuada al usuario. Eso sí, estos “cascos”, que no dan seguridad en caso de caídas, tienen el efecto de disminuir el ángulo visual y la agudeza auditiva de sus portadores, sus viseras son de tal calidad que a poco de comprados deben ser retiradas porque quedan totalmente rayadas o se opacan. Estos cascos son verdaderas escafandras aislantes. 

Lamentablemente el comercio proveedor tampoco tiene interés en asesorar al futuro usuario del casco. Si ofreciera lo que en realidad debe usarse no podría vender artículos tan caros. 

Lo dicho genera las condiciones para que una muy buena iniciativa, que ha tenido buena acogida en los usuarios de ciclomotores, pueda llegar a frustrarse en los hechos por los inconvenientes que genera su implementación.

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