Las lecciones de la historia

Las lecciones de la historia

El voto en el Senado de los EE.UU. este último sábado pasado inició el proceso que permitirá concretar una de las promesas electorales del Presidente Barack Obama: transformar el sistema de salud. Es imposible equivocar la importancia que tiene el problema. Casi 50 millones de norteamericanos no tienen cobertura médica. Muchos otros no pueden pagar el costo cada vez más elevado del seguro médico. Las aseguradoras pueden dejar de cubrir a cualquier persona que sufra una enfermedad. Muchas familias han quedado desamparadas o en quiebra al tener que asumir personalmente el costo de la atención.

El debate sobre qué tipo de reforma implementar responde a las clásicas posturas ideológicas de los dos partidos principales. Los republicanos, el partido minoritario desde el 2006, no apoyan el ambicioso cambio impulsado por la Casa Blanca. Perpetúan el status quo o promueven algunas innovaciones a la industria del seguro. La propuesta presidencial es mucho más amplia y trata de lograr dos objetivos difíciles de reconciliar: cubrir a mayor cantidad de ciudadanos y contener el aumento en el costo.

El resultado futuro del proyecto de ley depende en gran medida de que el líder del Senado, Harry Reid, pueda reunir el apoyo de 60 senadores. Este voto fue un voto protocolar que permite comenzar el debate. Luego del receso por el feriado de esta semana, comenzarán las enmiendas y las negociaciones para crear la versión final. Cuando llegue el momento de la decisión final, Reid necesitará nuevamente el apoyo de 60 senadores para su aprobación. Los 40 senadores republicanos presentan un frente monolítico y unificado en contra.

Varios senadores serán críticos para la aprobación de la legislación. Entre ellos hay quienes deben presentarse a elecciones en el 2010, como por ejemplo el mismo senador Reid. La senadora por Louisiana, Mary Landrieu, y la senadora por Arkansas, Blanche Lincoln, han manifestado su oposición a la idea de crear un nuevo programa público que compita con la industria privada. Lo mismo ha indicado el senador independiente por Connecticut, Joseph Lieberman y el senador por Nebraska, Bill Nelson. En estos momentos, Reid necesita cuatro votos más para alcanzar la cifra mágica.

A primera vista, todo parecería ser simplemente una cuestión de votos. Pero, un análisis un poco más profundo revela una clara falta de consenso dentro de las filas demócratas. El proyecto de ley que surgió de la Cámara de Representantes tiene importantes diferencias con la versión que propone el Senado. La opción de un programa del gobierno con la posibilidad de decidir no participar en manos de los estados, prácticamente quedó descartada el sábado. En el Senado, dicha idea es problemática para varios demócratas y en la Cámara de Representantes no hay apoyo suficiente para una ley que no la incluya.

La segunda cuestión que crea dificultades es el aborto. La Iglesia Católica brindó el apoyo a la versión de la Cámara de Representantes solamente luego de que se introdujera una enmienda que impide la financiación del aborto con fondos públicos. Los senadores demócratas que apoyan la cobertura del aborto parecen estar lejos de ofrecer una concesión similar. En definitiva, el tema no tendrá resolución sin la cooperación de la Iglesia, que servirá para justificar el voto, o no, de varios senadores.

Tampoco hay acuerdo sobre la mejor manera de financiar la reforma. En la Cámara de Representantes, la opción preferida fue la de aumentar los impuestos a los millonarios mientras que en el Senado, la tendencia es cobrar un impuesto a los seguros médicas considerados de lujo. Esto causa la oposición directa de los sindicatos, muchos de los cuales han negociado planes para sus miembros que caen dentro de dicha categoría. Otras cuestiones relacionadas con cómo pagar por la reforma tienen que ver con reducciones en Medicare, el programa para jubilados, y aumentos en las retenciones a personas con altos ingresos.

El objetivo de presentar una ley para que Barack Obama firme antes de fin de año, comienza a parecer demasiado ambicioso. De lograr la aprobación en el Senado, será necesario reconciliar las dos versiones para someter a votación el resultado final. Las ambiciones demócratas podrían sufrir la misma suerte que tuvo el primer intento de reforma durante el gobierno de Clinton. La misma historia, ignorada, vuelve a repetirse.

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