Las plagas, el revuelto y un cacho de cordura

Las plagas, el revuelto y un cacho de cordura

Enero, el primer mes del año, se ha identificado tradicionalmente con verano, descanso laboral, algún viaje vacacional, lecturas atrasadas, pileta, rio, amigos, encuentros familiares, eventos populares al aire libre.

Desde esta columna hemos advertido sobre la monumental falta de previsibilidad en las acciones públicas; pero en el inicio del “año bicentenario” parece que las diez plagas bíblicas se han ensañado con nosotros. Y por cierto, estamos lidiando con ellas a lo argentino, a puro alambre y cartón. Tan imprevisibles somos que, inicialmente al menos, ni los cortes de energía han podido seguir el cronograma fijado.

En este contexto, es inaceptable que las responsabilidades de desinversión en el sector eléctrico, advertidas desde años, hoy sean presentadas como una “sorpresa”. Esta es la punta de un iceberg que va más allá de nuestra particular situación, ya que hay más transformadores y más provincias que están en esta misma situación o peor. Triste realidad que ha puesto en riesgo nuestra salud (particularmente de los ancianos y enfermos) y nuestro sistema productivo (fuertemente afectado en todos sus niveles por pérdidas cuantiosas).

Claro que en medio de semejante panorama, siempre hay tiempo para el asombro. “Me acabo de enterar… que la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual. Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra” dijo la Presidente. Y continuó “El anterior fin de semana, cuando estuvimos en El Calafate, nos comimos en lugar de corderito un cerdito a la parrilla riquísimo…”. Y remató “¡Y anduvo todo muy bien el fin de semana!”, refiriéndose al rendimiento sexual de la pareja presidencial. Mientras tanto estamos inmersos en una crisis institucional (Banco Central mediante) de imprevisibles consecuencias.

Claro que no había empezado ahí. El inicio había sido peor todavía. Días atrás – la Presidente de la República – había dicho “¡Yo qué voy a ser genia, ojalá! Si fuera una genia haría DESAPARECER a algunos como hacen los genios”. Lo cual, en palabras de nuestro genial Tato Bores, “es un chiste bárbaro si no fuera una joda grande como una casa”. Después de estas palabras todavía le deben estar haciendo viento a más de uno; menos a los reidores oficiales y la barra a sueldo de la tribuna que, vaya a saber porqué extraña patología psicológica, aplauden.

Cuando pongo en paralelo estas torpezas reiteradas y veo a Uruguay y su nuevo Presidente, a Chile y su sistema democrático fuertemente consolidado, a Brasil y su expansión y a la misma Bolivia y la construcción de nuevas mayorías; pienso en que nos han tocado, como en el relato del Éxodo, las ranas, los mosquitos, las langostas, el granizo y el resto de las plagas.

En nuestra Ciudad hemos asistido, cuando no, a un nuevo debate sobre la Carta Orgánica. Esta vez sobre su reforma. Es de esperar de aquellos que no tienen la obligación primaria de conocer sobre el tema, que opinen con escaso fundamento. Es hasta comprensible. Sin embargo, aquellos que se atribuyen participación en los asuntos públicos (de ayer y de hoy) deberían, al menos, informarse (¡leer!) antes de opinar.

La Constitución de la Provincia de Córdoba, autoriza a aquellos Municipios con más de 10.000 habitantes a darse su propia “forma organizativa”. Esta forma es lo que nosotros conocemos como Cartas Orgánicas, una suerte de pequeñas Constituciones que son creadas en base a los intereses propios de cada una de las poblaciones que decide su dictado.

Tener o no una Carta, además, es un acto de libre voluntad de los Municipios con más de 10.000 habitantes (están facultados a tenerla pero no obligados). Es por eso que la ciudad más importante de nuestro Departamento San Justo, San Francisco (que al año 2008 la habitaban cerca de 62 mil personas), no la tiene y se rige por la Ley 8102 que es la norma que deben seguir todas las administraciones sin Carta. ¿Qué dice esta ley provincial sobre la reelección de las autoridades de aquellos municipios que se rigen por ella? Que en el caso de los Intendentes (Art. 39) es indefinida, al igual que los Tribunos de Cuenta (Art. 78), en el caso de los Concejos Deliberantes (Art. 13) es limitada a una reelección.

Hablar técnicamente del “espíritu” de la Carta Orgánica es llevar la discusión técnica a la disputa política. ¿Está mal tener una postura política frente a las posibilidades de reelección? Absolutamente no, es deseable y necesario asumir una mirada política sobre todos los asuntos públicos. Lo que no se debe, es hacer un revuelto.

Técnicamente, la Carta dispone dos vías para su reforma, las dos prevén la participación del vecino, tanto para refrendar la enmienda como para votar convencionales. Y el único artículo que no puede ser modificado por enmienda es el 160, en ningún otro artículo de la Carta se expresa esa limitación. Por ello hablar de que usar la enmienda para reformar la Carta en el caso de una nueva reelección del Intendente y el Vice no estaba en el “espíritu” de los Convencionales, es inexacto. En todo caso, si ese era el propósito, debió haber quedado expresado en el articulado de la Carta. El resto son solo suposiciones.

Políticamente, entiendo que la Carta requiere una modificación que alcance a otros artículos de su texto, los que han quedado desactualizados por el inevitable avance de otras legislaciones provinciales o nacionales. Recordemos que nuestra Carta (1998) es, inclusive, anterior a la última reforma de la Constitución Provincial (2001). Por ello entiendo que la “forma” de encarar una reforma (que vaya más allá de dos artículos y sus concordantes) debería ser por medio de una nueva Convención. Y, en ella, plantear el debate de unificar los períodos de ejercicio para el Departamento Ejecutivo, el Concejo Deliberante y el Tribunal de Cuentas (en estos dos últimos, quienes ocupan un lugar pueden aspirar a 12 años ininterrumpidos de gestión).

Pero antes de reformar, cumplir, y para ello es necesaria la reglamentación de su articulado, acción escasamente desarrollada en estos ya casi 12 años de vigencia y que requiere de un consenso informado y responsable por parte de todos los actores políticos. A mediados la década del 70 hubo una especia de plan maestro que “ordenó” la explosión urbana que se avizoraba. ¿Cómo estamos preparados de cara a los desafíos que nos impone el nuevo escenario edilicio al que abre las puertas la obra de cloacas? ¿Están suficientemente previstos los servicios públicos para atender a los nuevos espacios urbanos en ejecución?
Que en este año bicentenario podamos asumir responsable y serenamente cada uno de los desafíos que nos impone un Arroyito siempre en crecimiento. Dice el genial Tato “….yo todavía tengo confianza, por eso le digo a los políticos y a los funcionarios – no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones – sino a algunos políticos y algunos funcionarios que están ahí viéndome, si siguen haciendo las cosas que están haciendo yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también… Y para preservarlos de la máquina de cortar boludos; porque si pusiéramos la máquina de cortar boludos dentro de la maquina del túnel del tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad… otra hubiera sido la historieta hoy! Historieta que como país, no creo que nos merezcamos – esto lo dice mi libretista Santiago Varela… yo… ¡no estoy tan seguro! ¡Un cacho de culpa tenemos también…!”

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