Involución especular

Involución especular

 

Lo que está ocurriendo en el interior de la sociedad israelí condiciona el accionar del gobierno del Estado de Israel y con ello las posibilidades de éxito de las negociaciones sobre la paz en Palestina, que supone el reconocimiento, por una aparte, del Estado de Israel y su derecho a fronteras seguras, y por otra, la creación de un estado palestino viable y la solución de la cuestión referida al regreso de los árabes que se  exilaron como consecuencia de la primera de las guerras de la independencia, que desde entonces, ellos y sus hijos, viven en campamentos mayoritariamente en el Líbano. Las cuestiones a resolver incluyen las no menos importantes de la partición de Jerusalén y el retiro judío de los territorios asignados originalmente por la ONU para el estado palestino.

 

 

El condicionamiento del actual gobierno judío es muy grande ya que depende del pensamiento y humor de pequeños fragmentos de su sociedad porque la representación política de ésta se encuentra fragmentada en una multiplicidad de pequeños partidos que conviven al lado de algunas organizaciones más importantes, pero sin que ninguna  de ellas por sí sola logre reunir una mayoría de parlamentarios que les permitan constituir un gobierno por sí o acompañadas sólo por un par de aliados. De tal manera que el peso político de esas de esas pequeñas fracciones no guarda relación alguna con su envergadura, logrando no solo cargos importantes en el gobierno sino también imponer al mismo su propia agenda ideológica, religiosa o política.

 

Las reflexiones precedentes tienen relación con la importancia creciente que los partidos confesionales, representantes del judaísmo más ortodoxo, o de partidos que expresan una ideología nacionalista extrema, tienen hoy en el gobierno y política israelí. Tanto que, al imponer sus propias agendas y su visión extrema de la realidad, determinan el curso de acción de toda la sociedad judía y la llevan a un peligroso nivel de confrontación que, al desconocer todo derecho del otro –los palestinos- imposibilitan acordar bases de un acuerdo que sean aceptables para ambas partes en conflicto.

Estos grupos ultraortodoxos pretenden que máxima ley del Estado de Israel sea la Torah (Generalmente se alude a los primeros cinco libros de la Biblia, interpretando otros el total de la revelación de Dios a su pueblo elegido). Los ultraortodoxos son hoy el 20% de la población y su número e influencia no dejan de crecer. Su fundamentalismo religioso afecta la esencia del Estado, que desde su origen se definió como judío, democrático y multiétnico. Estos grupos prenden definir qué significa ser judío, o, en otras palabras, quién es o no judío, dado que para ellos es la religión la que define tal condición, la que debe ser la ley suprema de Israel. De hecho reivindican para los rabinos una autoridad superior a las instituciones democráticas. Estos grupos religiosos entienden que Israel tiene derecho a existir por derecho divino y que su territorio debe extenderse aún más allá de Palestina y el mismo reservarse sólo para los judíos. Su modelo de las relaciones internacionales está prefijado en el relato bíblico de la conquista de Canaán.

De igual manera que los musulmanes ellos otorgan a la religión un papel esencial en la vida pública. Respecto de aquellos Tzvetan TODOROV- EL MIEDO A LOS BÁRBAROS -, explica: “En la actualidad (el Islam) representa una forma de religiosidad que los europeos tardaron mucho tiempo en dejar atrás”. La religión para el Islam va mucho más allá del ámbito privado, regulando todo el espacio público. Son sociedades teocráticas en las que la religión es el fundamento de todas las instituciones públicas y privadas. Respecto de ellas Giovanni Sartori señala que se “fundamentan en el principio de la voluntad de Dios y de la sumisión a Dios;[en tanto que] las sociedades que son a la vez laicas y democráticas,[se fundan] en el principio de la voluntad del pueblo” (¿QUÉ ES LA DEMOCRACIA?).

La secularización de las sociedades occidentales fue la consecuencia de un proceso varias veces centenario iniciado con las encarnizadas y crueles guerras de religión. Tolerancia, rechazo de toda pretensión de verdad única, pluralismo ideológico, son las características de nuestra cultura occidental, que valora el disenso, lo civiliza, separando, además, la política de la religión sobre la base de una convivencia pluralista que reconoce la libertad individual y la legitimación democrática del poder (SARTORI).

Por ello hablamos de involución especular porque el proceso que está viviendo Israel importa una regresión respecto de la cultura occidental a la que pertenece políticamente, reflejando como en un espejo las sociedades islamizadas de sus vecinos árabes.

En la medida que estos grupos ultraortodoxos tengan un papel determinante en el gobierno y, por ende, en la política exterior de Israel, el proceso de paz en Medio Oriente está condenado a fracasar. Cualquier concesión que se quiera hacer para avanzar en el dicho proceso chocará con la oposición de estos grupos, que están en condiciones de hacer caer el gobierno si le retiran su apoyo.  

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