Mensajes en la web

Mensajes en la web

                                                 “Todo lo que una persona recibe sin

                                                           haber trabajado, otra persona deberá

haber trabajado para ello, pero sin recibirlo… El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no deben trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, y eso… mi querido amigo… es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.

 

(Adrián Rogers – Pastor – 1931)

 

 

Una de las costumbres que se han impuesto a partir de la explosión tecnológica que significó Internet es la de reenviarse entre sus usuarios muchos de los mensajes que algún desconocido más o menos ingenioso generó. Tanta difusión ha tenido esta práctica que gran parte de los mensajes que reciben los internautas tiene este origen. Así circulan cuentos, fotografías, chismes, datos más o menos curiosos, consejos útiles, saludos de fin de año, pensamientos religiosos, políticos o económicos a veces de personalidades conocidas en cada uno de esos campos y otras de autores identificados pero absolutamente desconocidos, otras tantas simplemente anónimos, mensajes que al repetirse una y otra vez tienen, en algunos casos, una difusión exponencial. La web es también utilizada como campo para batallas ideológicas y comerciales, a veces claramente identificadas –autores, motivos y fines- y otras no tanto o directamente ocultas a través de campañas de propaganda subliminales,  como las que hace décadas ya había denunciado Vance Packard (Las formas ocultas de la propaganda). El actual Presidente de EEUU utilizó con gran éxito la web para comunicar su pensamiento a sus simpatizantes, considerando los analistas políticos que el uso de esa herramienta de comunicación fue clave en su triunfo primero sobre Hillary Clinton y luego sobre John Mac Cain/Sara Palin.

 

Hace unos días recibí de una vieja amiga un correo con el que me reenviaba, encantada con ellos, unos pensamientos del año 1931 de un Dr. “Adrián Rogers”, pastor americano, los que transcribo en el acápite, cuyos conceptos me llamaron la atención. La búsqueda de sus antecedentes me permitió conocer su perfil ideológico. Se  trataba de un clérigo bautista, políticamente y económicamente ultra conservador y creyente de lo que se denomina inerrancia bíblica, esto es que la Biblia no contiene absolutamente ningún error porque al haber sido inspirada por Dios, ya que siendo éste perfecto y todopoderoso, es imposible que pueda errar. En suma, un proto-neocons, antecesor de los que inspiraron el gobierno de George Bush (h).

 

La filosofía que sirve de presupuesto a las definiciones que nos ocupan parte de entender que los pobres lo son porque quieren. Porque no quieren trabajar, porque pretenden vivir del esfuerzo ajeno. Se hace un culto del derecho de propiedad individual y se ignoran las responsabilidades sociales derivadas del hecho de vivir en comunidad. La solución para la pobreza y la miseria, para la cuestión social, es que tales situaciones se corregirán solas dejando que rijan las reglas naturales del mercado, conforme a las cuales el Estado no debe intervenir. Es el reino del laissez faire, laissez passer; le monde va de lui même (dejar hacer, dejar pasar; el mundo se arregla solo). Queda a la iniciativa individual ejercer la caridad, con la que calman cualquier inquietud moral.

 

Nuestra realidad económico-social demuestra que –sin entrar al debate de cuál es el porcentaje- existe un sector importante de nuestra población que está afuera del sistema productivo. Que ni siquiera son pobres o carenciados. Están excluidos. No encuentran inserción en el campo laboral, ni siquiera en el marco de la economía informal. Al no estar integrados carecen de los beneficios básicos del vivir en común: trabajo, educación, salud, seguridad, vivienda con servicios esenciales. Viven en condiciones precarias, sin esperanzas. Individualmente  cada uno de ellos no tiene posibilidad –las excepciones son la confirmación de la regla- de salir de tal condición. La explicación del porqué no pueden variar su condición es que, por un lado, no sólo no existe actividad económica global en volumen suficiente en donde insertarse, y por otro lado porque, precisamente por las condiciones en las que viven, carecen de las aptitudes que demanda el mercado de trabajo.

 

¿Qué hacer entonces con nuestros hermanos excluidos? ¿O no lo son? ¿No son nuestros prójimos en el sentido cristiano del término? ¿O nuestras responsabilidades para con ellos terminan con una limosna?  Ortega y Gasset afirmaba que somos uno solo nosotros con nuestra circunstancia. Esa realidad, entiendo yo, forma nuestra circunstancia e inevitablemente con concierne, nos obliga a tenerla en cuenta y nos impone deberes morales de conducta. O dicho de otra manera, citando a un clásico, para revestirnos de autoridad ajena, Homo sum, humani nihil a me alienum puto (soy humano, nada de lo humano me es ajeno/ Terencio).

 

La circunstancia de que desde siempre se haya manipulado políticamente la ayuda del Estado transformando en clientelismo la ineludible intervención estatal para atender las urgencias de los sectores excluidos, que en la práctica no se haya hecho otra cosa que abusar groseramente del estado de necesidad para usar a los excluidos como fuerza electoral, sin intentar en serio políticas de estado permanente tendientes a modificar el cuadro de situación, no puede llevarnos a postular como ideal el ignorar el  problema y comportarnos como si el mismo se fuera a arreglar solo.  

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