Hipocresias

Hipocresias

Recientemente estalló un escándalo en el seno de la Iglesia Católica al trascender que Monseñor Juan Carlos MACCARONE, Obispo de Santiago del Estero, mantenía desde hace unos tres años una relación homosexual con un joven remisero de esa provincia.
El episodio generó diversos comentarios de propios y extraños. Algunos de éstos cargaron en contra de la política oficial de la Iglesia con relación al celibato de los sacerdotes, otros fueron más allá y reivindicaron la validez de la opción sexual del Obispo.

Dentro de la comunidad episcopal se sugirió que la filmación del episodio es una maniobra mafiosa orquestada por sectores que estuvieron allegados al poder santiagueño antes de la Intervención Federal que desplazó al matrimonio JUÁREZ del poder casi omnímodo que detentaron durantes décadas, sectores que de esta manera responden a la lucha en defensa de los pobres y contra la corrupción que caracterizó la gestión en aquella sede episcopal del ahora renunciante MACCARONE. La comunidad de obispos expresó su sorpresa, tristeza y pesar por su renuncia -aceptada por Roma- a raíz de que se habría visto obligado a admitir una supuesta relación homosexual, que había sido registrada en un video distribuido en medios periodísticos y políticos.

El vocero del episcopado expresó que “hay que tratar de acompañarlo en la cruz, en la dificultad, que tiene que ver con lo que uno es ante Dios, con la propia debilidad”.
Estas lamentaciones intentan pasar como sobre ascuas algunos aspectos más importantes de la cuestión. En un núcleo limitado y cerrado como es el episcopado argentino, difícilmente las inclinaciones sexuales de uno de sus miembros pueda haber resultado desconocida para los demás. No parece posible que una organización como la Iglesia pudiera desconocer inclinaciones de este tipo en uno de sus miembros más prominentes, menos si, como ahora ha trascendido, había tenido algún problema de ese tipo en el pasado del cual salió bien librado.

Las lamentaciones del episcopado parecen orientarse más al hecho de haberse hecho público el episodio, que al comportamiento del prelado. Intentar explicar que se trata de una maniobra orquestada por sectores de interés afectados por la prédica pastoral de MACCARONE, amén de que, aunque sea cierto, es un enfoque parcial e insuficiente del problema, no da razón de la gravísima claudicación moral del ahora renunciante.

La cuestión relevante no es que Juan Carlos MACCARONE haya mantenido una relación homosexual. Entendemos que el sexo es connatural con el hombre y que no es posible considerar que aquella opción sexual sea perversa en sí misma. Los reproches morales a MACCARONE son, desde nuestro punto de vista, otros.

Por un lado, debe señalarse el doble discurso que implica sostener públicamente determinada enseñanza moral que privadamente no se sigue. Esto es sí mismo es grave y lo es más aún cuando se ostenta un cargo que se presume creado por el mismo Jesucristo para difundir su doctrina. La claudicación moral de no predicar con el ejemplo, cuando se ocupa un cargo de tal responsabilidad pastoral y en una institución que sostiene que la homosexualidad es una desviación de la naturaleza frente a la que, como única solución, se aconseja la continencia sexual!!!, es indisculpable.

Por otro lado, entendemos que interesadamente no se ha querido advertir que no es la conducta lamentada -haber tenido una relación homosexual- la más grave. Si se tratara solo de un pastor que ha sido inconsecuente con su propia prédica, quizás se podría sostener que es solo una debilidad, lamentable pero comprensible por aquello de que “… la carne es débil”. Lo grave es que el obispo MACCARONE ha prostituído al joven con quien mantuvo tal relación ya que la misma no fue fruto de una mutua atracción sino de promesas de conseguir mejoras en la situación económica de la familia del ex remisero. La relación hecha pública no fue fruto del amor o de la concupiscencia recíproca, sino que fue obtenida por el prelado abusado tanto de su posición como de la necesidad del grupo familiar del joven cuya economía habría quedado desarticulada con el fallecimiento de su padre, imponiéndosele a aquel una relación de tipo sexual no-querida bajo promesas de influir ante la Intervención Federal para poner remedio al estado de necesidad de la familia. Que el joven sea mayor de edad, libre de decidir sus actos o que no estuviera en un real estado de necesidad, no excusa ni atenúa el comportamiento de quien abusó de la posición en que se encontraba. Habrían sido las promesas incumplidas las que dieron pie a que el joven buscara el remedio financiero que se le había prometido en otras fuentes.

Es ésa situación abusiva, que ataca las mismas raíces del pensamiento cristiano que debió presidir la acción del Obispo, la que la Iglesia debió lamentar, no la debilidad de cometer un pecado contra el sexto mandamiento. MACCARONE habría abusado de un pobre para satisfacer su concupiscencia, no habría vacilado en prostituir a un necesitado, en usarlo en su propio beneficio, degradándolo en su condición humana. Esto es lo que se silencia, lo que se ha eludido poner en blanco sobre negro. No estamos ante una simple debilidad humana que se preste a conmiseración. Se trata de un comportamiento que va en contra de la esencia del mensaje cristiano. No decirlo con todas las letras es una hipocresía.

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