RCEP: la revalorización del Este Asiático

RCEP: la revalorización del Este Asiático

El pasado 15 de noviembre se firmó lo que se considera hasta la fecha el “mayor acuerdo comercial del mundo”. Estamos refiriéndonos al RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership/Asociación Económica Integral Regional), la gran apuesta comercial del sudeste asiático.

Suscripto en formato online por los 10 países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) – Malasia, Indonesia, Brunéi, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas – más China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, el tratado tiene como horizonte la eliminación de aranceles en más del 90% de las importaciones de la región en un plazo de 20 años. ¿Qué se espera? el crecimiento del comercio y la inversión hacia y dentro de la región.

Una de las razones de su importancia radica en que en su seno alberga a casi un tercio de la población mundial y más del 32% del PBI mundial, lo que no es nada desdeñable. Así, supera al T-MEC (EEUU, México y Canadá) y a la Unión Europea.

Pero tampoco se trata de una casualidad que el mayor tratado de libre comercio del mundo se haya dado en la región del Este de Asia. Debemos tener en cuenta que hoy hay un corrimiento del centro de gravitación de los asuntos mundiales desde Occidente a Oriente, particularmente desde Europa a Asia y desde el Atlántico al Pacífico. Por lo tanto, no debería sorprendernos esta gran apuesta geopolítica.

Y hablamos de “geopolítica” porque no sólo posiciona en el centro de la escena a la ASEAN (su principal impulsora) y nivela el peso económico y demográfico de los países firmantes, sino que para un actor con pretensiones globales como China, representa una plataforma desde la cual expandir su influencia y contrarrestar la de su rival norteamericano en el Asia Pacífico.

En consecuencia, si hilamos más fino, ello también implica el fortalecimiento del comercio y la integración en la región del Este Asiático – a través de un proyecto intra-regional – y el debilitamiento de los proyectos trans-regionales de la región del Asia-Pacífico, como el TPP (ya en declive por la salida de Estados Unidos), el CPTPP – su sucesor – y la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico).

Aunque también vale aclarar que el CPTPP, a pesar de su menor peso relativo, es más ambicioso que el RCEP en lo que respecta a la reducción de aranceles, además de ser más estricto con el cumplimiento de obligaciones en materia laboral y medioambiental.

Ahora bien, en lo que respecta al impacto en nuestra región, el RCEP puede generar lo que se llama “desvío comercial” – sustitución de las importaciones provenientes de un país por fuera del bloque por bienes de un país miembro del bloque –  y en consecuencia, afectar el comercio entre ambas regiones.

En contraste, aquellas empresas latinoamericanas radicadas en la región del Este Asiático pueden verse beneficiadas por la puesta en práctica de normas comunes y transparentes de comercio e inversión.

De todos modos, será importante ver como los países latinoamericanos eligen relacionarse con los países asiáticos. Si lo hacen por separado – por medio de acuerdos bilaterales -, o bien, unidos a través de bloques regionales como puede ser el Mercosur.

Con seguridad, esta decisión hará resurgir el debate acerca de qué modelo de desarrollo nuestra región desea perseguir. No es noticia que la profundización del comercio con países del Asia como China o Corea del Sur no sólo disminuye nuestro comercio intra-regional, sino también acentúa la primarización de nuestra economía.

Por último, en lo que respecta a la repercusión que tendrá en la primera potencia mundial, es una incógnita como la administración Biden encarará su política comercial para contrarrestar esta iniciativa y volver a tener el protagonismo en el Asia-Pacífico.

El multilateralismo es una de sus banderas, pero eso no necesariamente implicará la proliferación de acuerdos de libre comercio, dado el actual resurgimiento del proteccionismo a nivel mundial y la presión de los grupos domésticos – principalmente los sectores industriales – que fueron decisivos para su victoria.

Lo cierto es que el RCEP hoy cuenta con la mayor cuota de mercado en Asia, y si Estados Unidos continúa adoptando un rol pasivo frente a esa situación, es probable que aquel se convierta en el nuevo polo de atracción para Latinoamérica y otras regiones del planeta.

En suma, el RCEP no sólo es una gran apuesta geopolítica de la ASEAN – de la cual China sacará provecho – sino que también representa un gran desafío para Estados Unidos y su proyección en la región. Ante esa ineludible realidad, América Latina deberá pensar muy bien los pasos a seguir, frente a una propuesta que ofrece oportunidades pero también plantea muchos interrogantes.

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